Así estalló una terrorífica guerra, la cual parecía no tener fin. El propio país de Ferono cambió su apariencia debido a los abominables actos bélicos.
Tras eones de cruentas batallas, tan solo unos pocos pueblos sobrevivieron y los dioses rogaron a Okun que pusiera fín a la guerra.
Okun decidió separar a los pueblos. Los hombres, los enanos y las hadas constituirían los pueblos del día, pues desde siempre habían mostrado un gran apego al Sol. Los orcos, los trols y los goblins conformarían los pueblos de la noche, pues veneraban la Luna más que ningún otro. Asimismo, Okun confundió las lenguas de los pueblos de la Luz y de la Noche para que nunca más pudieran dirigirse palabras malignas.